08 octubre 2017

LA NUEVA YO, GRACIAS A MIS HIJOS

Hace ya casi tres años que me convertí en mamá por primera vez, y todavía no domino el arte de la maternidad (y creo que ese día nunca llegará). Tenía planes muy distintos antes de que Jerónimo llegara a mi vida, y ahora que ya soy madre de dos, me doy cuenta de que he cambiado muchísimo. Se me hace de lo más fregón tener la gran oportunidad de verme obligada a evolucionar y además de una manera tan intensa, gracias a que tengo hijos. 

Gracias a que soy mamá, me he vuelto una persona más consciente y estoy aprendiendo tantas cosas, sobre todo a valorar la vida. No digo que todos deberían tener hijos, pero definitiva en, sí creo que se pierden de mucho quienes no los tienen.

La maternidad es un gran reto, es también una gran responsabilidad. Y la verdad es que soy creyente de que mis hijos son mi espejo; la manera en que me relaciono con ellos habla mucho de cómo fue mi infancia, de qué tan olvidada o presente tengo a mi niña interior. Me di cuenta de que esa niña que fui, estaba muy abandonada. Yo no tenía realmente una relación con ella, Y hoy, muchas veces me cuesta trabajo ser espontánea con mis hijos. Soy de esas adultas que ‘no saben jugar’. Me preguntaba por qué no podía hacer algo tan sencillo como jugar con un niño.

Pero el hecho de estar con la mente receptiva y dispuesta, me ha dado el maravilloso regalo de DARME CUENTA, esto ha significado descubrir carencias de mi niñez que en algún momento (ahora) tenían que ser trabajadas para romper el patrón y estar en plena consciencia de la forma en que me relaciono con mis hijos. Es algo difícil porque implica hacerme responsable de mí, pero al mismo tiempo es sumamente satisfactorio demostrarme que tengo la capacidad de hacer las cosas diferentes.

Desde que soy madre, los temas como crianza, niños, padres, y salud mental me interesan mucho. Cada día reafirmo la idea de que quienes somos padres tenemos una responsabilidad escalofriante en nuestras manos, porque más allá de la educación intelectual que podamos ofrecer a nuestros hijos, está algo que considero mucho más importante: el amor, la empatía, la resiliencia, la inteligencia emocional, el altruismo. En resumen, herramientas para la vida, recursos para ayudarlos a construirse como adultos plenos, sin traumas de la infancia, sin tendencia a la depresión, sin vacíos existenciales; seres humanos sin carencias emocionales, libres, independientes, y llenos de amor.

Para que los padres podamos proveer a nuestros hijos de estás valiosas herramientas, necesitamos trabajarnos desde el interior, y ésta no es tarea sencilla, pues implica mirar hacia adentro de nosotros y eso a veces no nos gusta. Mirar a mi interior me ha hecho remover heridas viejas que creí que habían desaparecido, pero que en realidad solo las escondí por ahí contándome y creyéndome la gran mentira de que no pasaba nada. Pero resultó que sí pasó, y todo se detonó cuando me convertí en madre, cuando me puse frente a mis hijos e identifiqué tantos patrones de conducta que era urgente modificar. 

Es necesario mirar hacia adentro, aunque duela. Es importante hacerlo y además hacerlo con un compromiso implacable. Es necesario tomar la decisión de hacernos responsables de nosotros mismos, porque hay pequeños seres humanos, futuros adultos, cuyo futuro depende de las bases que les demos y del ejemplo que tengan de nosotros.

Tener hijos, me obligó a trabajar para convertirme en mejor persona, me obligó a tomar responsabilidad sobre mí, a dejar de justificarme con un cómodo pero cobarde “es que yo soy así porque así me educaron”. Qué chingona oportunidad me están dando mis hijos. 

1 comentario:

  1. Me encanto tu entrada, me siento absolutamente identificada. Felicidades, saludos desde Nueva York de una mamá primeriza y locamente enamorada ❤

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