13 abril 2017

LAS GRANDES ENSEÑANZAS DE MI HIJO

A propósito del Día del Niño, últimamente he estado muy reflexiva sobre mi maternidad y lo que significa tener hijos pequeños. Y bueno, que me he dado cuenta de muchas cosas, sobre todo, de las grandes enseñanzas que mi primogénito de apenas dos años, me ha dado. Y así quiero festejarlo, agradeciéndole lo que me ha enseñado hasta el momento e intentando emular muchas de sus actitudes, para seguir aprendiendo a ver la vida como él lo hace.


MI HIJO Y LAS COSAS QUE ME HA ENSEÑADO
1. Paciencia. No tengo ninguna duda de que mi hijo es “Mi gran Maestro de la paciencia”. Esa es la primera enseñanza que vino a dejarme. Cuando te conviertes en madre, hay situaciones ante las que de plano tienes que ceder porque no existe ninguna otra opción; eso me pasó a mí con la paciencia. Tuve que entender que por años tendré que enfrentarme a este reto a través de mi hijo y más valía comprenderlo lo antes posible para no volverme loca. Entendí que soy una persona poco paciente y tolerante en general y me encanta tener la posibilidad de modificar ese patrón gracias a mi pequeño gran Maestro.

2. Existe el amor incondicional. Y experimentarlo es lo más maravilloso del Universo. Acabo de percatarme de esto hace poco, y casi lloro cuando lo descubrí. De verdad jamás en mi vida había tenido esta certera sensación de amor incondicional hacia otro ser humano, entendiendo lo que la palabra incondicional implica. Darme cuenta de que estoy dispuesta a lo que sea por mi hijo, me hizo vibrar el corazón. Agradezco infinitamente tener la oportunidad de poder sentirlo, es algo hermoso.

3. Calidad en la convivencia. Lo más importante es convivir antes que llenarlo de regalos. No me enorgullece decir que ha habido ocasiones en que mi hijo está a un lado de mí y yo enajenada con el celular. Mi hijo me enseñó, a su manera, que eso le molesta, ¿cómo? Cada vez que estamos juntos y ve que saco cualquier aparato que me conecte a las redes sociales (y me desconecte de él), me dice un firme “No” y me lo señala para que lo guarde. Juro que la primera vez que lo hizo, me sentí la peor madre del mundo. Pensé: cómo es posible que tu hijo de dos años que aun no habla te exija de esa forma que le prestes atención, ¿acaso hay cosas más importantes que atender cuando estás con él? Ahora, me he hecho el propósito de cuando estoy con él, enfocarme totalmente a acompañarlo y disfrutarlo, y olvidarme de las malditas redes sociales por un momento.

4. La vida es simple. Mi hijo ama la naturaleza, le encanta que lo llevemos al desierto de nuestra ciudad, caminar sobre las piedras, corretear a nuestros 3 perros y llenarse de tierra. Es un niño de pocos juguetes porque mi marido y yo nos dimos cuenta de que realmente no los necesita. Un niño sabe divertirse de muchas otras maneras y nuestro hijo nos lo demuestra cada día. Esta enseñanza la tomé para mí, que a veces estoy tan clavada en las cosas materiales que no tengo y que según yo necesito. Entender que la vida es simple, gracias a mi hijo, me ha ayudado a apreciar muchísimo los momentos más que las posesiones. Y esto es maravilloso.

5. Es importante demostrar tus emociones. Mi hijo está en esa etapa conocida como “Los terribles dos años”, la verdad es que en momentos ha sido complicado lidiar con su aún incapacidad para expresar sus emociones, pero esto también me ha enseñado a mí que siempre será importante, no importa la edad que tengamos, externar nuestro sentir ante situaciones que nos gustan, entristecen, enojan, frustran, etc. En lugar de seguir la absurda regla adulta de guardarnos las cosas. No estoy diciendo que hagamos un berrinche cada que algo nos enoje, jaja, pero sí que podamos tener la inteligencia emocional suficiente para externarlo de manera asertiva. Así podremos convertirnos en seres humanos más sanos.

Por supuesto, mi hijo me ha enseñado muchas cosas más, y el que viene seguramente me enseñará otras que aún ni me imagino. Pero aquí dejé las que más me han cimbrado y que más agradezco. ¿A ti qué grandes enseñanzas te han dejado tus hijos? Compártelas.

Con amor,

K.

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