09 mayo 2016

Cuando eres mamá y te exiges demasiado

Hace un año y cinco meses que soy mamá. ¡Qué viaje! Sin querer sonar a cliché, ha sido la experiencia más retadora y al mismo tiempo más maravillosa de mi vida. Pero cómo cuesta trabajo a veces partirse en mil pedazos para cumplir con todos los compromisos del día a día.

Este es un espacio para hablar desde la experiencia real de una madre primeriza, no para hablar bonito siempre. Tampoco crean que estoy amargada, es sólo que me molesta que existan estándares tan altos sobre la maternidad y que mucha gente se olvide que antes que cualquier cosa, somos humanas experimentando algo bien canijo. No soy fan de jugar a la víctima, y aclaro que esta no es la intención de mi blog, sino más bien hablar "al chile" sobre cómo me siento a partir de mi cotidianidad como mamá. 

Estoy exhausta. Me siento muy agotada física, mental y espiritualmente. Admiro mucho a las madres que deciden dedicarse exclusivamente a la crianza de sus pequeños, les aplaudo la valentía y quiero aprender de ustedes el gran arte de la paciencia. Mi caso, como el de muchas otras madres, es distinto; yo decidí no dedicarme de manera exclusiva a la crianza de mi bebé, tengo un horario laboral, una jefa a la cual rendirle cuentas, además de varios proyectos independientes en los que trabajo de manera entregada para convertirme en dueña de mi tiempo (hasta donde mi crío me lo permita, jeje). A veces siento que no me da el día para más. Y estoy llegando a un punto de quiebre. ¿Les ha pasado?

Todo lo anterior me hace reflexionar sobre la presión social que permitimos recibir muchas mujeres. Y cómo esto afecta nuestra vida y nuestro funcionamiento. Creo que a pesar de que muchas veces las exigencias vienen de afuera (sobre todo en el aspecto profesional), somos nosotras, en algunos casos, las más implacables a la hora de exigirnos. Y eso nos está haciendo mucho daño. Porque nos impide disfrutar el día a día, permanecer en el aquí y el ahora. Pasar un rato con el crío y pensar en lo que tenemos que hacer una vez que se duerma; vivir en el eterno estrés de hacer las cosas bien y a tiempo. Y sobre todo, de no equivocarnos, porque debemos ser unas "supermamás". 

Ya me cansé de estar cansada. Y por eso he decidido llevar una vida más tranquila, para poder disfrutar las cosas verdaderamente importantes de mi presente, y entre esas cosas, la principal es ver crecer a mi hijo; porque para lo demás habrá tiempo, pero para esto no. Y sí, aunque suene muy trillado, quiero entender antes de que él cumpla 20 años, que los hijos crecen muy rápido y que llegará un momento en el que desearé volver a verlo pequeño y sentiré nostalgia por aquellos momentos en que yo era su todo.

Después de expresar todo esto, ya me siento mejor. Espero poder aportar un poco si es que tú estás pasando por una situación similar. Abracémonos.

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