05 noviembre 2017

DOCUMENTALES QUE TODA MAMÁ Y PAPÁ DEBEN VER


Siempre me ha interesado conocer más acerca de la naturaleza del ser humano y de las cosas que como seres solidarios, somos capaces de hacer. Ahora que soy mamá, este interés se revolucionó y me he vuelto mucho más sensible a estos temas.

Entiendo que como mamá, junto con mi pareja, tenemos una responsabilidad enorme en la crianza de nuestros hijos para que se conviertan en adultos plenos y lo menos traumados posible. Soy fiel creyente de que el cambio en el mundo está en manos de los papás y de cómo eduquemos integralmente a la próxima generación; y de que el mundo comenzará a sanar en la medida en que fomentemos una cultura que honre a los niños: “Tenemos que colocar a los niños en el centro de una revolución de compasión que gane al mundo”.

Darle esa importancia a la primera infancia, entendiendo que no solo estamos educando a nuestros hijos, sino aportando nuestro grano de arena para cambiar el mundo, consideró que es determinante y una tarea que todo padre y madre debemos asumir.

Los cuatro documentales que vi en Netflix y me ayudaron a reafirmar estas ideas son los siguientes, te los comparto:

Duración: Son 6 documentales de 40 min aproximadamente.
Sinopsis: Científicos y padres de todo el mundo analizan la relación entre atender las necesidades infantiles tempranas y moldear el futuro de la sociedad.

Duración: 1h 14min
Sinopsis: Pensadores y espiritistas exploran el concepto islandés de insæi, una ideología que fomenta la conexión humana a través de la empatía y la intuición.

Duración: 1h 31min
Sinopsis: Este documental explora la teoría de que la naturaleza humana no se guía por el interés personal, sino por la cooperación y el altruismo.

Duración: 1h 19min
Sinopsis: A través del yoga y la meditación, el neurólogo Richard Davidson busca calmar el sufrimiento de dos veteranos de guerra con TEPT y un niño con trastornos de ansiedad.

29 octubre 2017

SER MAMÁ ES UN ARTE

Jamás imaginé experimentar tantas emociones tan intensas y contrastantes, todos los días. No exagero cuando digo que, ahora que soy mamá, cada día representa para mí un gran reto. Y no lo digo en plan negativo, sino realista.

Mis hijos me ayudan todos los días poniéndome pruebas de paciencia, creatividad, ingenio, multifunciones, espontaneidad, inteligencia emocional, resistencia/fuerza física, etc. (Una larguísima lista de etcéteras). Y juro que cada noche antes de irme a la cama, quedo más que convencida de que ser mamá, es todo un arte.

Desde que soy mamá, a veces me clavo muchísimo en las cosas que antes hacía y que ahora, por falta de tiempo, ya no puedo hacer. Cuando esto pasa, me deprimo y empiezo a sentirme frustrada y hasta peleada con la vida. Otras veces, me clavo más en todas las cosas que he aprendido, y me siento súper fregona por todos esos logros diarios superados, que solo las mamás entendemos y valoramos. En otras ocasiones, me siento perdida y dudo absolutamente de todo en mi rol de mamá: “¿lo estaré haciendo bien?, ¿estaré siendo muy permisiva?, ¿y si estoy siendo muy estricta?, ¿y si mis hijos se quedan traumados por mi forma de criarlos?” En fin.

Una de las tantas cosas que estoy aprendiendo, luego de experimentar todos estos estados emocionales, es que al final del día, nadie lo hará mejor que yo, y mis hijos tienen en mí a la mamá perfecta para lo que ellos necesitan. Soy la mejor mamá para ellos, y no hay ninguna necesidad de compararme con otras mamás.

He reconocido el arte de criar pequeños seres humanos como un regalazo de la vida, que además de permitirme aportar al mundo educando seres humanos que crezcan plenos, también me da la oportunidad diaria de aprender, y me obliga a convertirme en una mejor persona, sin opción a rajarme. 

08 octubre 2017

LA NUEVA YO, GRACIAS A MIS HIJOS

Hace ya casi tres años que me convertí en mamá por primera vez, y todavía no domino el arte de la maternidad (y creo que ese día nunca llegará). Tenía planes muy distintos antes de que Jerónimo llegara a mi vida, y ahora que ya soy madre de dos, me doy cuenta de que he cambiado muchísimo. Se me hace de lo más fregón tener la gran oportunidad de verme obligada a evolucionar y además de una manera tan intensa, gracias a que tengo hijos. 

Gracias a que soy mamá, me he vuelto una persona más consciente y estoy aprendiendo tantas cosas, sobre todo a valorar la vida. No digo que todos deberían tener hijos, pero definitiva en, sí creo que se pierden de mucho quienes no los tienen.

La maternidad es un gran reto, es también una gran responsabilidad. Y la verdad es que soy creyente de que mis hijos son mi espejo; la manera en que me relaciono con ellos habla mucho de cómo fue mi infancia, de qué tan olvidada o presente tengo a mi niña interior. Me di cuenta de que esa niña que fui, estaba muy abandonada. Yo no tenía realmente una relación con ella, Y hoy, muchas veces me cuesta trabajo ser espontánea con mis hijos. Soy de esas adultas que ‘no saben jugar’. Me preguntaba por qué no podía hacer algo tan sencillo como jugar con un niño.

Pero el hecho de estar con la mente receptiva y dispuesta, me ha dado el maravilloso regalo de DARME CUENTA, esto ha significado descubrir carencias de mi niñez que en algún momento (ahora) tenían que ser trabajadas para romper el patrón y estar en plena consciencia de la forma en que me relaciono con mis hijos. Es algo difícil porque implica hacerme responsable de mí, pero al mismo tiempo es sumamente satisfactorio demostrarme que tengo la capacidad de hacer las cosas diferentes.

Desde que soy madre, los temas como crianza, niños, padres, y salud mental me interesan mucho. Cada día reafirmo la idea de que quienes somos padres tenemos una responsabilidad escalofriante en nuestras manos, porque más allá de la educación intelectual que podamos ofrecer a nuestros hijos, está algo que considero mucho más importante: el amor, la empatía, la resiliencia, la inteligencia emocional, el altruismo. En resumen, herramientas para la vida, recursos para ayudarlos a construirse como adultos plenos, sin traumas de la infancia, sin tendencia a la depresión, sin vacíos existenciales; seres humanos sin carencias emocionales, libres, independientes, y llenos de amor.

Para que los padres podamos proveer a nuestros hijos de estás valiosas herramientas, necesitamos trabajarnos desde el interior, y ésta no es tarea sencilla, pues implica mirar hacia adentro de nosotros y eso a veces no nos gusta. Mirar a mi interior me ha hecho remover heridas viejas que creí que habían desaparecido, pero que en realidad solo las escondí por ahí contándome y creyéndome la gran mentira de que no pasaba nada. Pero resultó que sí pasó, y todo se detonó cuando me convertí en madre, cuando me puse frente a mis hijos e identifiqué tantos patrones de conducta que era urgente modificar. 

Es necesario mirar hacia adentro, aunque duela. Es importante hacerlo y además hacerlo con un compromiso implacable. Es necesario tomar la decisión de hacernos responsables de nosotros mismos, porque hay pequeños seres humanos, futuros adultos, cuyo futuro depende de las bases que les demos y del ejemplo que tengan de nosotros.

Tener hijos, me obligó a trabajar para convertirme en mejor persona, me obligó a tomar responsabilidad sobre mí, a dejar de justificarme con un cómodo pero cobarde “es que yo soy así porque así me educaron”. Qué chingona oportunidad me están dando mis hijos.