16 julio 2017

8 TIPS PARA SALIR DE CASA A TIEMPO CON TODO E HIJOS


Desde mi experiencia, el “ya voy para allá” de una mamá, realmente significa “llego en un par de horas, si bien me va”. Creo que independientemente de que puedas ser muy organizada, cuando tienes hijos te enfrentas todo el tiempo al factor sorpresa: el niño ya se ensució, el bebé se hizo popó, no se quiere meter a bañar, te ensuciaste la blusa, te pidió pecho, no se deja poner los zapatos, no se deja peinar, está haciendo berrinche, llora, quiere que lo cargues, no se termina el desayuno, y una muy extensa lista de etcéteras que aquí voy a parar.

No soy fan de poner mi vida de madre como pretexto para llegar tarde a eventos, de hecho, me considero una persona puntual, aunque claro, he sido víctima muchas veces de ese factor sorpresa y no me queda más que avisar “voy retrasada, empiecen sin mí”.

La realidad es que no siempre se tiene la opción de llegar retrasadas y por eso aquí te comparto algunos tips que te pueden ayudar a lidiar con estas variables no controladas. Implican un esfuerzo extra, pero seguro te sentirás más aliviada la próxima vez que salgas de casa a tiempo:

1. Nimodo, empieza a prepararte con tiempo extra de anticipación. En mi caso, prefiero hacerlo incluso unas tres horas antes, considerando que somos mis dos hijos y yo quienes debemos estar listos. Esto me ayuda a reducir el estrés, pues ando menos a las carreras. Al estar más tranquila, estreso menos a mi hijo mayor y propicio un ambiente menos hostil para él y mi bebé, entonces es más fácil que cooperen.

2. Báñate una noche antes. Si tu evento es por la mañana, te recomiendo bañarte una noche antes e incluso, arreglar tu cabello. Así, al día siguiente no tendrás que ocupar tanto tiempo en tu producción, que luego es la parte que dejamos al final.

3. Elige tu atuendo y el de tus hijos en la noche. Tener listo lo que te vas a poner, también te va a ayudar muchísimo a reducir tiempos y estresarte menos. Elige dos atuendos, por si mientras te alistas, pasa un accidente. Así, ya tienes una segunda opción y no pierdes tiempo eligiendo outfit nuevo. Lo mismo para tus hijos.

4. Deja la pañalera lista. Igual, desde una noche antes echa a la pañalera todo lo que vayas a necesitar para que al día siguiente, si te ganan las prisas, tengas una cosa menos de qué preocuparte y ocuparte. Aparte, con el estrés, es más probable que se te olviden los pañales. 

5. Alista primero a tus hijos. Y déjate a ti hasta el final, por si sucede algún accidente y te manchas la ropa, es más fácil y rápido que tú te cambies, a que tengas que cambiar a uno de tus hijos.

6. Permanece tranquila. No, no es broma. Entre menos apures a tus hijos, más dispuestos estarán ellos para poner de su parte. Si te pones loca, como yo a veces, el caos se va a plantar en tu casa hasta que te tranquilices. Sé paciente y amorosa con tus hijos mientras los preparas. No está padre comenzar el día con el pie izquierdo y menos transmitirles mala vibra a tus pequeños.

7. Pon música mientras todo esto sucede. Depende del ánimo que tengas, pero el objetivo es que te motives/desestreses. En mi caso, hay mañanas que ando muy zen y pongo mantras, a veces ando motivadísima y quiero música de energía alta como la electrónica, otras veces ando en mood bailador buena vibra y me pongo a Ricky Martin o algo del tipo. La música siempre es una buena opción.

8. Asúmelo como un reto y diviértete. Me ayuda verlo como un juego (aunque no esté compitiendo con nadie) y medir mis tiempos, “romper récord” me súper motiva y termino felizota. Recuerda que todo es cuestión de perspectiva, y si es algo que ya de por sí tienes que hacer, ¿por qué no hacerlo con la mejor actitud posible?

Y por último, recuerda que la mayor parte del tiempo las cosas no van a salir como las tenemos planeadas, así que si un día haces todo esto y aún así saliste tardísimo de casa, guarda la anécdota para cuando tus hijos estén más grandes y mueran de la risa juntos. Disfruta el viaje.

02 julio 2017

EL RETO DE DEFENDER LA LACTANCIA PROLONGADA

Imagen tomada de: http://maternidadfacil.com/lactancia-materna-prolongada/

Mi familia quiere que deje de darle pecho a mi hijo de dos años y medio. Me lo dicen a través de su expresión de sorpresa o asombro cada vez que él  me pide “bui” y yo le digo que sí sin pensarlo dos veces. “Es que ya está muy grande. Ya no la necesita. Es pura maña. Por eso andas bien cansada siempre. Ay, hijo, chico grandote y todavía pidiendo bubi. Es de tu hermanito, ya no se la quites.” Son comentarios “bien intencionados” que dicen para “ayudarme” a destetar a mi hijo.

La creencia es general y no hay espacio para la información bien fundamentada, esto quiere decir que si yo cito un dato como que la OMS recomienda la leche materna por los primeros dos años de vida, simplemente me estoy aferrando. En una ocasión tuve un debate con un familiar porque hizo expresión de asco cuando le dije que prefería darle a mi hijo leche mía que leche de una vaca. Lo que yo no entiendo es cómo no les da asco tomar leche de un animal que no es de su especie, pero ese es otro tema.

Soy una mujer que hago poco caso de las críticas, y de verdad que estos comentarios no son determinantes para que yo tome una decisión sobre mi lactancia con mi hijo mayor. Eso es algo únicamente entre él y yo. Punto. Sin embargo, me he dado cuenta que cada vez me siento más incomoda si alguien cercano está presente cuando mi hijo pide pecho. Y no me gusta esa sensación. Es algo que me agota mentalmente y que creo que no debería de ser así: estar lidiando con las creencias de otras personas como si la carga de estarme debatiendo con mis dudas internas no fuera ya suficiente.

Es cierto que yo misma he tenido mis dudas de si continuar o no. Ya desteté a mi hijo por las noches desde hace aproximadamente un año, y estoy feliz con eso porque necesitaba el descanso nocturno. En esta ocasión, amamantar en tándem es retador, claro, y es cuando me surgen estas dudas. Pero mi punto es que solo yo tengo derecho de hacerlo, solo yo sé qué es lo mejor para mí y para mi hijo (respecto a la lactancia y cuando dejar de hacerlo). Y solo yo podré decidir continuar a pesar de que en ocasiones me sienta muy cansada de hacerlo, creo que es normal sentirse cansada y esto no tiene nada de malo.

Mi pareja a veces me dice que ya debería de quitarle el pecho de tajo porque no lo necesita y solo me chupa energía y por eso ando por la vida como zombie. Sé que lo dice porque no me quiere ver fatigada, pero yo misma le respondo que esos comentarios no me ayudan en absoluto, al contrario. Creo que en estos casos el apoyo de tu pareja (o la persona más cercana a ti) es fundamental para que te sientas respaldada tomando la decisión que tomes.

A 30 meses de haber iniciado la lactancia, he llegado a un punto en el que ya no se le hace simpático a la gente, en el que incluso mi hijo es visto como un “mañoso”,  en el que los demás no le encuentran sentido a mi práctica y en el que más juzgada me he sentido. Y me choca que esto suceda.

Yo admiro a todas las madres que aman a sus hijos y se esfuerzan por darles lo que, para ellas es lo mejor. Yo no practico lactancia prolongada para que me aplaudan y creo que no tengo la obligación de explicarle a cada persona que me pregunta por qué lo hago, como si fuera algo malo.  No tengo que convencer a nadie.

La lactancia prolongada ha sido una decisión mía y esto no significa que voy a ver mal a quien no la practica o a quien lo hace por mucho más tiempo que yo. Simplemente creo que como madres, tenemos la libertad de elegir y merecemos ser respetadas. Merecemos también, quitarnos el gran peso que mucho se pone sobre nosotras, y que implica “tener” que dar explicaciones de cosas que no le conciernen ni afectan a nadie. Las luchas diarias que lidiamos en nuestra maternidad, ya son suficientes. 

Mi lactancia es mía, es de mis hijos. No acepto opiniones ajenas a menos que las pida. Sé que es lo mejor para mis hijos porque sí estoy informada además de que confío plenamente en mi instinto de madre, de mamífera. Y terminará cuando yo lo decida. Punto final.


25 junio 2017

A VECES SIENTO QUE MI CUERPO NO ME PERTENECE



Domingo en la mañana y estoy intentando salir de casa para disfrutar un poco de mommy time, tengo tantas lecturas pendientes, tantas cosas en qué divagar, tanto tiempo libre para saborear. Tenía planeado salir desde las 8 am para aprovechar lo más posible, pero tuve muy mala noche amamantando a mi bebé de dos meses, así que me desperté a las 8:40 aproximadamente, con mucha fatiga. Hay que bañarse primero, y bañar al bebé mientras papá prepara el desayuno para el hijo más grande. Salgo de la regadera y no logro cambiarme de ropa hasta unos 40 minutos después, porque el bebé pidió comida y reclamó mi atención. Hora del desayuno, mi toddler se embarra las manos de miel y no quiere terminar de comer. Le insisto mientras papá intenta calmar al bebé que comenzó a llorar. El bebé se duerme y el hermano mayor por fin termina de comer y le pido que recoja su plato. Aprovecho para ponerme ropa mientras papá sale a regar las plantas con el hijo mayor. Ya casi logro salir de casa, son las 10:30 am. No alcancé a cepillarme el cabello ni a maquillarme, no importa, mejor aprovechar ese tiempo en otra cosa. Mi marido me recuerda que no me he sacado leche para dejarle al bebé. Fuck! Me preparo para hacerlo. 11 am. Me siento en el sillón a cambiarme de blusa porque la que me puse hacía notar mucho mi lonja post parto y eso me hizo sentir mal. El bebé despierta con hambre y le pido al marido que lo traiga para darle de comer antes de irme. Mi hijo mayor se da cuenta y me pide pecho también. Me descubro la blusa para los dos. Ya pasa de las 11 am. Estoy sentada amamantando en tándem. Incómoda. Empiezo a llorar. Mientras come, el bebé hace del baño y el pañal no fue suficiente, así que mancha mi pantalón. Llegué a mi punto máximo de quiebre. Mi marido se sienta a un lado de mí, soba mi espalda y lloro más. Siento que mi cuerpo no me pertenece.

Llevo varios días sintiéndome así. Soy una mujer muy feliz y satisfecha con mi rol de madre; sin embargo, últimamente anda mucho por mi cabeza este pensamiento y por mi espíritu esta sensación: mi cuerpo no me pertenece. No lo siento mío. Y me pongo triste y también me da culpa por estar harta de amamantar, de la lactancia prolongada y de lactar en tándem, harta de no dormir por las noches, de no poder organizar mis días de acuerdo a mis tiempos, de desayunar a la hora que me permita mi bebé, de bañarme con prisa todo el tiempo, harta de preferir no salir con mis amigas porque sé el estrés que implicará hacerlo con mis dos hijos, de tener contado el tiempo cuando salgo sin ellos y harta de sentirme cansada siempre.

Y sí, sé que es temporal y también sé que es importantísimo disfrutar a mis hijos en esta etapa, y lo hago. Aún así, eso no significa que no pueda sentir que mi cuerpo, alma, mente están llegando a un límite. Es difícil explicarlo pero si eres madre, seguramente me vas a entender: estoy feliz, de verdad me siento muy feliz y al mismo tiempo siento frustración y tristeza porque no me reconozco cada vez que me veo en el espejo. Siento que por ahora mi cuerpo no está disponible para mí, y está canija esa sensación. Si me pongo dramática, podría decir que incluso hay ocasiones en que me he sentido esclavizada, y sé que suena fuerte, pero juro que no logro encontrar una palabra más cercana a lo que experimento en esos momentos.

Y esto va más allá de encontrar un mommy time; en este momento, otras personas (mis hijos) disponen de mi cuerpo, presencia y mente, todo el tiempo. Que yo encuentre ese mommy time y lo utilice para lo que me de la gana, depende mucho de qué tanto me permitan ellos hacer; incluso de cuándo me permitan pensar en otra cosa que no sea la maternidad o los deberes que tengo como madre. Y eso se me hace muy cabrón de asimilar, aunque estoy trabajando en hacerlo, porque no hay opción: “o te aclimatas, o te aclichingas”, dice la sabiduría popular.

Sé que hay mucho aprendizaje de todo esto y el principal  sin duda, es que el tiempo es mi mayor tesoro y ahora lo cuido como tal. También estoy aprendiendo qué es la entrega total, ese amor incondicional que hace que aunque te esté cargando la chingada, permanezcas ahí para esos que amas y dependen totalmente de ti en todos los sentidos. Estoy aprendiendo también que la vida se hace en equipo y mi pareja es un excelente partner de vida. Y aunque con todo y eso, no dejo de sentir que mi cuerpo no me pertenece, trabajo en abrazar esta etapa de mi vida así como es, así como viene. En abrazar la frustración diaria, aceptarla y darle oportunidad de manifestarse.

Mi lucha diaria es entender que “esto también pasará”, mientras tanto, que el Universo me de la sabiduría suficiente para aprender todo lo que tengo que aprender de esta experiencia de vida y salir mucho más fuerte de ella. Y por hoy, me permito ser vulnerable.